
Cuando yo era chico, Totó aparecía de tarde, caminado desde la calle Suipacha y con su bandoneón abajo del brazo. Era uno de los grandes compinches de mi viejo. Compartían muchas cosas, entre ellas el valor de la amistad, el vino y las riñas de gallos.
Recuerdo a Totó tocando su bandoneón en la galería de mi casa del Puerto Viejo, en una fiesta de navidad cuando yo tendría unos 5 o 6 años. Sus carcajadas siempre eran inmensas y sus historias muchas veces tenían que ver con arrabales nocturnos o cuentos fantásticos de marineros y burdeles porteños. Era una persona con un ángel muy especial…
A continuación una grabación casera a dúo -con Rubén Gonzalez en voz- realizada en una radio de Chajarí, Entre Ríos. Solo les pido que escuchen con atención ese bandoneón. Parece una orquesta completa, pero no, es Totó solito con su fuelle…
