
Latinoamérica tiene matices. Un solo beso se usa aquí, en Argentina. Un beso por cada mejilla se usa desde la cordillera hasta el Pacífico. Cada país tiene sus músculos, sus células, sus historias, sus batallas ganadas y sus derrotas. Hay países jóvenes y efervescentes, como los hay antiguos y sabios. Hay corralitos bancarios y chivos expiatorios. Hay pueblos conquistadores y otros conquistados. Peleas por salidas al mar. Mediadores. Oro robado, resistencias heroicas y civilizaciones aniquiladas. Tenemos la mano de Dios y también a Pelé. Abuelos que partieron desde un puerto llamado Vigo y nietos que regresaron a un aeropuerto llamado Barajas. Tenemos Pisco. Dictaduras que no volverán nunca. Picanas. Gorilas peludos. Todavía hay estatuas de Pizarro y coyas mendigos. Grandes cerebros locales que a menudo dan explicaciones a majestuosos pelotudos mundiales. Drogas de todos los colores. Oligarcas. Conspiradores. Bananas ecuatorianas. Liberales noventosos. Candombe uruguayo. Montoneros armados. Montoneros empresarios. Cien años de Soledad. Tenemos gente que dice: “No seas puto, no llores ché”. Tenemos tecnología de punta y analfabetismo en la misma esquina. Creatividad publicitaria. Tangueros. Orgullosos cubanos marxistas. Orgullosos cubanos capitalistas. Mares y montañas. Carnavales mais grandes do mundo. El Chavo del 8. Toros sin toreros. Vacas enamoradas de sus propios matarifes. Agua potable. Petróleo. Todas estas cosas tenemos. Así somos nosotros, los de este lado del mundo…
Según entiendo, en mis venas corre una suerte de mezcla caldosa con sangre española, italiana, suiza y francesa. Las personas que donaron sus genes nunca se conocieron en el viejo continente, sino que se enamoraron -supongo que estarían enamorados- en Argentina o en Brasil y allí comenzaron a engendrar a los que luego engendraron a quienes, finalmente, me engendraron. (más…)






