
Hace poco mas de 10 años yo era un recién llegado a Buenos Aires, estudiaba el CBC y canalizaba mis primitivos impulsos militantes dando clases como alfabetizador para un centro de estudiantes. Uno de los primeros lugares que me asignaron, luego de terminar la capacitación de rigor, que impartían compañeros mas grandes en Sociales de la UBA, fue el Hospital Francés. Concretamente me asignaron, junto a un grupo de chicos, unos salones de la hermosa iglesia ubicada atrás del hospital. La iglesia se llamaba (y se llama) Iglesia Santa Cruz.
En ese lugar, y sin que yo entonces lo sepa, durante los ´70 había ocurrido una historia macabra protagonizada por Alfredo Astiz, el angel rubio de la muerte:
Sobre Astiz: “Un dato lo pinta de cuerpo y alma: en 1977 logró infiltrarse en las filas de las Madres de Plaza de Mayo haciéndose pasar por el hermano de un desaparecido y a finales de ese año “marcó” con un beso a las fundadoras de esa agrupación para que horas después estas mujeres desesperadas fueron secuestradas y asesinadas….
…El 10 de diciembre de 1977 y en la puerta de la iglesia Santa Cruz, por entonces sitio de reunión de los activistas de derechos humanos, Astiz besó a quienes horas después serían secuestradas por el GT 332: Azucena Villaflor, Esther Ballestrino y María Ponce, las fundadoras de las Madres de Plaza de Mayo. En aquel grupo que recibió el “beso de la muerte” también estaban las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, quienes fueron alojadas en la ESMA, torturadas y luego arrojadas al mar desde un avión militar”. Aquí su historia completa.
Ayer, a las 15 hs, brindamos una capacitación para los coordinadores del banco de microcréditos del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, un noble proyecto que se encarga de dar préstamos pequeños a gente que no tiene posibilidad de acceder a los bancos formales. Me enteré cuando estaba en el taxi, ya en viaje para dar el taller, que el lugar de destino era la Iglesia Santa Cruz, que yo nunca había vuelto a ver.
Esas cosas de la vida hicieron que, tanto tiempo después, me toque dar clases de nuevo en el mismo lugar, pero para “ciber-alfabetizar” a militantes sociales. El lugar está igual, salvo porque en el frente de la iglesia ahora se encuentran las lápidas de algunas de las víctimas de Astíz que en estos años fueron encontradas, identificadas y sepultadas.
Mientras daba la clase se me ocurrió postear en Facebook lo siguiente: “En el mismo lugar donde hoy me toca enseñar a hacer blogs, Alfredo Astiz, en la dictadura, llevaba a la muerte a las hermanas francesas”. Uno me contestó: “La vida le gano a la muerte”. No lo dudo.
Les dejo la canción de gieco…



Las vueltas de la vida no? brindo por que la vida le siga ganando a la muerte! Un abrazo Sebastián.
no era lo que buscaba, pero recibí un regalo – gracias