
¿Deberían los argentinos pensar en un sistema para clasificar la información nacional?¿pueden trabajar los españoles para llegar a una web españolizada e independiente?¿se puede ser INdependiente en “algo” en un mundo cada vez mas INTERdependiente en “casi todo”?¿pueden los brasileños pensar en diagramar software con ritmo de carnaval y gigaservidores en Brasilia?¿los bolivianos con un buscador de primer nivel pero hecho en Bolivia y en idioma aimará?¿puede un senegalés o un ecuatoriano soñar con encontrarle la vuelta al modelo de negocio de Facebook o YouTube?¿puede cada país generar su propio software aplicable a las redes sociales online?¿es sano?¿es una locura?¿se debe politizar la web?¿se debe globalizar la política?¿los ciudadanos solo tienen reservado un rol de editores con el software que se les entregue?¿es justo?¿que corresponde hacer a los gobiernos?
Existe la creencia de que el ciberespacio no puede ser regulado. Yo pienso similar Lawrence Lessing: “Nosotros podemos, y debemos, decidir el tipo de ciberespacio que deseamos tener, las libertades que éste habrá de garantizar, y quiénes se encargarán de controlarlo”. Pero la conectividad aumenta a un ritmo que deja muy poco espacio de tiempo para las reflexiones. Cada vez, lamentablemente, veo mas pensamiento práctico y menos filosofía en relación a Internet y el ritmo que va tomando. Eso no es bueno. Nunca. Con esa idea de que “todo es así porque tiene que es así” y no formularnos preguntas es que, en nombre de la tecnología, nos venimos cargando el planeta en los últimos siglos. Ganan unos pocos y perdemos la mayoría.
Esta semana la vida me ha puesto en Gijón, Asturias. Aquí he llegado para exponer sobre ciberactivismo en el Cabueñes2009, pero también encontré un lugar que invita a valorar los signos de pregunta y a dudar de las afirmaciones universales hora tras hora. Durante una semana conviven jóvenes promesas de diferentes partes del mundo, debaten y discuten sobre Redes Sociales y otras yerbas. Hay senegaleses, marroquíes, americanos, palestinos, israelíes, venezolanos, argentinos, uruguayos, brasileros, obviamente españoles y de muchos otros países. No se han privado de nada, desde conjuros etílicos hasta recitales con hip hop de protesta que se mezclan con talleres de web2.0 o videoconferencias sobre cooperación internacional. En una habitación del hotel uno puede encontrar a funcionario americano admirando las políticas de Uribe en Colombia y en la siguiente a militantes venezolanos hablando maravillas de Chávez y Evo Morales, pasando por todo el arco intermedio. Se vive realmente una primavera, aunque en las tierras de Pelayo estemos entrando en otoño, de buena energía e ideas fantásticas.
Como es costumbre para los ponenetes, en el medio de tanta energía juvenil uno comparte cenas, taxis y charlas de hotel con gente que, a veces, solo conocía de leer artículos en la web. Quiero centrarme en uno: Jhon Bolssom, que ayer no ha dudado en trazar un paralelo entre la actualidad de Gijón y los inicios del Silicon Valley. John es uno de los emblemas en materia de trabajo colaborativo en la web y vino a Asturias para hablar del rol de los ciudadanos-periodistas y la forma en que editan el contenido de la actualidad. Estábamos cenando un muy apetitoso “pulpo a la gallega” en una sidrería y hablando de bueyes perdidos, antes de ayer, y soltó: “los avances en la red son muy poderosos y rápidos”. Lo repitió en el diario al otro día y agregó que ahora “el mundo es una gran Nación de Editores”. Que bueno eso, pensé… ¿pero quién le pone bandera a es Nación de Editores?
La cultura es un patrimonio plástico, móvil, siempre cambiante. Cada vez que actuamos sobre ella la modificamos. Nuestra cultura, como bien público, es común a todos los seres que admitien vivir inmersos en tal o cual ecosistema cultural (y a los que no lo admiten también =) y se identifican con determinados patrones culturales. Permanentemente factores endógenos o exógenos modifican y evolucionan a ese conjunto de patrones que conforman la cultura. Esto sucede inevitablemente todo el tiempo.
La cultura, además, es el patrimonio mas preciado que tienen los habitantes de los pueblos para mantener su orgullo en alza, su energía y sus ganas de vivir la vida con la frente alta. Es en ese conjunto de saberes, permanentemente remixados, en el que se involucran indefectiblemente las raíces originarias de nuestros antepasados y se da sentido de pertenencia a cada una de nuestras vidas presentes y a nuestro futuro. Somos, pertenecemos y nos sentimos protegidos e identificados gracias a que podemos conformar un espacio cultural común, una sociedad. Contamos, escuchamos, compartimos un idioma, gustos musicales, modas…
Todo lo que hacemos en nuestra vida modifica la cultura en la que vivimos, pero claro, no es lo mismo cortar una flor que inventar la lámparita eléctrica. Han existido inventos que modificaron sustancialmente a la humanidad y, sistemáticamente, sacudieron los patrones culturales de los pueblos. Cuando estos inventos fueron ligados a la comunicación, como por ejemplo el TV, el telégrafo, o la imprenta, todas tecnologías con capacidad difundir conocimientos en tiempo real o diferido pero sin respetar barreras geográficas, no solo modificaron a la comunidad en la que fueron inventados, sino que influenciaron en otras culturas, a veces para bien y otras tantas con fines nefastos.
El libro que transporta buena parte de la cultura católica, La Biblila, fue una herramienta de penetración cultural española en los pueblos autóctonos de lo que hoy llamamos Latinoamérica. Si lo analizamos técnicamente vemos que una cultura penetró sobre otras basando parte de su ataque en un libro. Para tomar un ejemplo mas reciente podemos pensar que sería muy poco probable que, sin la TV mediante, nuestra cultura occidental actual sea tan ferviente adoradora de las zapatillas Nike o fanática de las hamburguesas de tipo Mc Donalds. Si el mundo fuese al revés, patas para arriba como sueña Galeano, existiría la clara posibilidad que los americanos escuchasen mas Taquirari que rock, o que nosotros nos vistiésemos con ropa árabe o con alguna moda africana ignorando, tal vez, que significa la palabra “jean” :-)
Muchos de nuestros artistas populares en Latinoamérica o Europa suelen protestar contra “el sistema” pero, para expresar su inconformidad, utilizan guitarras Fender Stratocaster, y mejor si son hechas a mano y en algun lugar de USA, a orillas del Mississipi (la gloria si el equipo amplificador es un Marshall valvular inglés, de los ´70 y con sello de origen es total). No serían datos relevantes, si no tenemos en cuenta que normalmente protestan contra valores culturales impuestos desde Estados Unidos, pueblo a su vez colonizado por los ingleses. Es entonces donde vemos como se gana o se pierde una batalla cultural. El soporte tecnológico de la música masiva que trascendió fronteras fue el disco, luego la radio y finalmente la MTV. Mediante tales tecnologías llegóel rock a ser parte de nuestra cultura.
Retomando. Entonces, inspirado por los jóvenes de Cabueñes y por mi nuevo amigo John, surge en mi la siguiente pregunta relacionada al mundo que se nos viene: ¿la irrupción de Internet plantea un refrito de culturas que finalmente resultará en una única cultura digital global o plantea la posiblidad de que cada pueblo pueda elevar al conocimiento universal los valores de su cultura, sin perder la esencia originaria?. Creo que uno de los meollos estratégicos para comprender la política internacional en los años venideros está en esa pregunta.
No tengo la respuesta, pero intuyo que una red que tienda a editar material en forma desproporcionada, como está sucediendo ahora mismo con proyectos como Google o la misma Wikipedia, solo logrará la imposición de culturas centrales que potencialmente podrían muy pronto hacer desaparecer valores culturales de regiones enteras con solo apretar un botón.
Si realmente nos interesa que Internet sea herramienta de cambio para un mundo mas justo tenemos que luchar para que se creen organismos locales e internacionales que garanticen eficientemente cuestiones como el acceso universal a la red o la proliferación de modelos de arquitectura informática mundial que permitan a cada colectivo cultural participar del mundo digital, sin que esto les signifique sacrificar su idioma, sus creencias, sus religiones, etc. La clave, nuevamente, es la política. Pero la militancia desde ahora, y cada vez mas, se dará en el terreno del buen uso y del desarrollo de tecnologías para la web y el tablero, en estas cuestiones, es el planeta entero.



Seba, tengo muchas ganas de que nos veamos. ;)
Muy bonitas las mochilitas de ahí. Besos
Ni me lo digas Rosa, que ya estoy con le traje de torero puesto :-)
Un artículo muy interesante. Me referiré primero a través de Google Translate, a continuación, a través de Inglés.
Sus puntos acerca de cómo el contenido puede ser utilizado para definir las adquisiciones de la cultura es muy pertinente. Aunque estoy de acuerdo en un nivel que el contenido Nación abre la puerta a una toma de control por una masiva cultura digital global, creo que una puerta se abre igualmente importante a las culturas indígenas y las culturas altamente contextuales florecen tan bien. En el contenido nos encontramos con la Nación las herramientas para construir lo que importa a las comunidades de grupos específicos, sin embargo, las comunidades definen a sí mismos, en lugar de a través de cualquier agrupaciones una corporación o un Estado tendría que utilizar para la organización de nosotros mismos. Esta capacidad de ser tanto de auto-organización en nuestras influencias culturales y nuestra capacidad para hacerlo en cualquier escala y en cualquier contexto que se adapte a nosotros será un poderoso instrumento para dar forma a las culturas de todo el mundo. Creo que hemos visto una pequeña parte de ese potencial en Cabueñes este año, pero quizás más en los próximos años.
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A very interesting article. I will comment first via Google Translate, then via English.
Your points about how content can be used to define takeovers of culture is highly relevant. While I agree on one level that Content Nation opens the door to a takeover by one massive global digital culture, I think that an equally large door opens to indigenous cultures and highly contextual cultures blooming as well. In Content Nation we find the tools to build whatever groupings matter to specific communities, however those communities define themselves, rather than through whatever groupings a corporation or a state would have use for organizing ourselves. This ability to become both self-organizing in our cultural influences and our ability to do so on any scale and in any context that suits us will be a powerful tool to shape cultures worldwide. I think that we saw a very small part of that potential at Cabueñes this year, but perhaps moreso in years to come.